La mesa envenenada

La mesa envenenada

Producción de alimentos

Lo que la pandemia de COVID-19 puso en cruenta evidencia la necesidad de un corte abrupto con la lógica de consumo y depredación. En este artículo se destacarán los datos y avances de información de las centrales revistas científicas y de investigadoras locales vinculadas con la producción de alimentos, las familias horticultoras y los alimentos que llegan a la mesa. Finalmente, a modo de “imágenes del futuro” se plantean los nuevos desafíos vinculados con la seguridad y soberanía alimentaria como ensayos posibles y urgentes para pensar desde “una salud”.

Por Ximena Cabral (*)

 

En Argentina, parte de las marcas más oscuras en estos 40 años de Estado constitucional ha sido sin dudas el fortalecimiento de un modelo productivo extractivista y depredador sobre nuestros territorios. El investigador Walter Pengue fue el primero en decirlo: “La epidemia química llegó al país y alcanzó tanto a las formas de producción agropecuaria como a las de alimentación”. 

Es decir, el advenimiento de este tipo de agricultura, denominada “agricultura industrial” -producción agropecuaria de alto rendimiento, basada en el uso intensivo de capital (tractores y maquinarias de alta productividad) e insumos externos (semillas de alto potencial de rinde, fertilizantes y pesticidas sintéticos)-modificó, de una vez y para siempre, el entorno, paisaje, cultura y formas de vida rural. 

El slogan “de la productividad” muestra su revés en los poblados y especies enfermas. No sólo este modelo productivo abrasivo y depredador sobre las tierras afecta directamente a la salud de trabajadores y familias en zonas rurales, sino a los poblados colindantes y a los siguientes. Es decir, aquí las fronteras se evaporan: en cada ecosistema, los organismos vivientes son parte de un todo actuando recíprocamente entre sí, pero también con el aire, el agua, y el suelo. La biodiversidad es esencialmente una propiedad, una característica de la naturaleza y de las múltiples formas de adaptación de la especie humana a los ecosistemas o paisajes de la tierra. 

Mariana Eandi, del grupo de investigación “Epidemiología ambiental del cáncer y otras enfermedades crónicas” radicado en la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Córdoba, es parte de las investigadoras cuya tesis doctoral se vinculó con familias horticultoras del cinturón verde de la ciudad de Córdoba. Hace ya más de diez años investiga en esa zona diversas aproximaciones para conocer los procesos de salud, enfermedad y cuidados de trabajadores y trabajadoras agrícolas en vínculo con la exposición a plaguicidas.

Consultada por Umbrales sobre la situación de las familias que trabajan allí, expresó: “Lo que verificamos a partir del trabajo exploratorio previo, anterior a la encuesta de los agroaplicadores, es que estos trabajadores, a diferencia de los extensivos, aplican los plaguicidas con una mochila que cargan a sus espaldas” expresa y subraya: “imaginate que la exposición en ese contexto es bien distinta. Requiere de cuidados exhaustivos para que la piel no se exponga al químico, el aspirar o que por las conjuntivas no ingrese el tóxico al cuerpo. La exposición cualitativamente y cuantitativamente es mayor”.

“Sin alimentos sanos, no hay pueblos libres”, aparece como un mojón que marca un horizonte, tanto por las marcas que se producen en los cuerpos de las familias horticultoras como en toda esa travesía que va desde la siembra del alimento a la mesa de cada hogar. 

 

La valía de la tierra

Según el informe Producción Frutihortícola en la Región Alimentaria de Córdoba del Observatorio de la Agricultura Urbana, Periurbana y de la Agroecología (O-AUPA) y sus redes de cooperación –SSAF, APRODUCO, IG-CONAE, FCM-UNC, FCA-UNC, FAUD-UNC, CONICET-, de 2022, la superficie hortícola de la provincia de Córdoba se redujo un 33,5 % entre 2002 y 2018, y se perdió el 74% de esta entre 1988 y 2019. 

“El Cinturón Verde de la Ciudad de Córdoba (CVCC), aporta el 16% de la producción del país y se posiciona como la tercera en volumen total producido, su área cubre unas 5.500 ha productivas. El modelo de urbanización no planificado está regido por el modelo económico liberal que propuso eliminación de impuestos a las exportaciones, aranceles a la importación de bienes de capital y una serie de organismos públicos reguladores del sector. ]Conjuntamente con la introducción del paquete moderno biotecnológico -soja RG y glifosato- propició, entre otras cosas, una reducción de su tamaño a la mitad en menos de 20 años” aclaran Eandi, Mariana Andrea, Luciana Dezzotti, y Mariana Butinof en «Exposición a plaguicidas y cuidados de la salud en la horticultura periurbana: el caso del Cinturón Verde de la Ciudad de Córdoba, Argentina» publicado en Ciência & Saúde Coletiva 26 (2021).

En esta pérdida de territorio se ubican los desplazamientos y al respecto, lo que se conocía como “cinturón verde” quedó desplazado y recortado como manchas más lejanas. Eandi explicó: “Desde hace un año en otra investigación con el INTA ya lo denominamos como región alimentaria de Córdoba, debido a la expansión de la mancha urbana que corrió a los productores afectando la lejanía y el costo de los alimentos. Además de la pérdida de esa infraestructura de regadío que existía para la producción, estos alimentos ahora se producen a más de 50 km, con las consecuencias en el acceso y el precio, y las dificultades que acarrea a los productores”.

En esa fuga hacia lugares como Pilar, Río Segundo, Colonia Caroya, las familias “medieras” -porque no son dueños de las tierras- deben modificar sus prácticas y tiempos en el trabajo productivo. Con respecto a estas tareas no remuneradas y el ocultamiento del trabajo, la Dra. Eandi aclara: “En las tareas de cuidado es la mujer quien mira, cuida y chequea si se están cuidando, no sólo en la tarea sino cuando vuelven del campo a la casa. Si dejan los zapatos fuera para que no ingresen contaminantes en la suela o que los niños no transiten en campos recién asperjados.” Al respecto precisa: “Cuando este trabajo inicia, en esta muestra de 137 personas, detectamos solo dos mujeres. Posteriormente, observamos que es la familia horticultora: trabajan la mamá, los niños, el papá, es un conjunto familiar. A los niños se les dice “que ayuden” en el campo, pero es una tarea en la que el grupo familiar entero queda expuesto más o menos”.

Las identidades feminizadas en el espacio rural junto a los trabajos que ellas despliegan son invisibilizadas. “En el cinturón verde de Córdoba las mujeres no solo siembran, cosechan y acondicionan las hortalizas que no solamente nos alimentan y nutren, sino que realizan una serie de actividades que permiten el sostén, la recuperación y la reproducción de les integrantes de la familia. No es cualquier cuidado, ellas lo hacen en vínculo con el contexto hortícola y de exposición a plaguicidas dando cuenta de un proceso de socialización genérica particular que expresa su ser, estar y habitar en el territorio” (Dezzotti, Eandi y Butinof, 2021). Según datos publicados por ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO), se estima que en Argentina el 50% de la población rural está representada por mujeres que trabajan la tierra, crían animales o trabajan las materias primas. En América Latina y el Caribe, 58 millones de mujeres viven en zonas rurales y son centrales para alimentar a los pueblos. Si bien ellas representan la mitad del sector rural, están en situación de desigualdad en relación con los varones: su trabajo es peor remunerado, trabajan mayormente en el sector informal, tienen mayores dificultades para acceder a la tierra, a créditos y a capacitaciones.

 

 

Cultivar la vida

La mayoría de las Familias Hortícolas vive en la quinta donde se encuentran los cultivos y desarrollan su vida cotidiana, participando sus miembros en diferentes instancias de la producción. Aquí, como subrayan las investigadoras, la exposición a plaguicidas debe ser considerada con especial atención, dada la modalidad de organización del trabajo, en el que se conjugan y entrelazan los aspectos productivos y reproductivos con muy poco control por parte de las familias hortícolas sobre las condiciones de seguridad en su trabajo.

Son justamente desde esas condiciones de trabajo, de producción de estos alimentos vitales como verduras y hortalizas que la pregunta se vuelve urgente: ¿Qué alimentos llegan a nuestra mesa? Con el oxímoron de “comete la cáscara de la manzana que tiene todas sus vitaminas” nos llega un nuevo espectro corporizado en la manzana envenenada. 

“La calidad de los alimentos, elemento esencial para la salud, está intrínsecamente ligada a la calidad del suelo, el aire, el agua y el medio ambiente. La calidad de los alimentos que llegan a nuestra mesa depende también de las prácticas agronómicas y veterinarias empleadas en los cultivos y en las granjas” señalan en el Manifiesto sobre la Alimentación por la Salud – Cultivando Biodiversidad, Cultivando Salud, realizado en 2019, donde un grupo de expertos y expertas elaboraron un documento referido a la importancia del derecho a alimentación como un presupuesto fundamental para una buena salud, no solamente humana sino también de la tierra, bajo la directriz “un planeta, una sola salud”.

Los especialistas expresan que “es posible crear buena salud a través de una buena nutrición. Para ello tenemos que transformar nuestros sistemas alimentarios. Esta tarea es fundamental, no sólo para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible de 2030, sino también para asegurar la salud humana y planetaria de las generaciones futuras. La transición a un nuevo paradigma, basado en la realización de los derechos a la salud y a la seguridad alimentaria, dependerá del compromiso de la sociedad civil, del sector privado, de los gobiernos y de las instituciones mundiales”. 

El manifiesto se presenta en términos de un llamamiento a la acción con el objetivo de denunciar la violación del derecho a la alimentación y a la salud humana, como la de la tierra, que representa el modelo agroindustrial; asimismo plantean reclamar e instar ante los Estados el inicio del proceso de transformación del modelo agroalimentario. Y aclaran: “Lamentablemente, la presencia ahora generalizada de sustancias tóxicas en el medio ambiente, debido a diversos productos agroquímicos y emisiones, de las cuales un porcentaje sustancial proviene de la industria alimentaria, ha provocado la degradación progresiva de nuestro hábitat. Estas toxinas se acumulan en la cadena alimentaria, con considerables riesgos para la salud humana. Las consecuencias negativas subyacentes se expresan más vivamente en nuestros propios cuerpos, en nuestras células y tejidos, y en la salud en general”.

 

“La calidad de los alimentos, elemento esencial para la salud, está intrínsecamente ligada a la calidad del suelo, el aire, el agua y el medio ambiente. La calidad de los alimentos que llegan a nuestra mesa depende también de las prácticas agronómicas y veterinarias empleadas en los cultivos y en las granjas”

 

“Mercantilizada, industrializada y carnista” describe la doctoranda Luciana Dezzotti en diálogo con Umbrales a la salud humana. “Verla fragmentada de la salud de otros seres, vivos y no vivos, como otros animales, el ambiente y la naturaleza me resultaba incómodo, una incomodidad que fue impulso para comenzar a preguntarme de dónde venían esos alimentos. Fue una búsqueda muy personal hasta llegar a un grupo de investigación y extensión que me permitió habitar los espacios donde se producen los alimentos fuente de vida: las hortalizas y las frutas. Es decir, las plantas”. Dezzotti distingue así entre los alimentos y los productos: aquellos que vienen de la industria. “Ahí empecé a habitar las quintas en vínculo con las y los trabajadores y familias horticultoras. Comencé a observar que la industria y las empresas transnacionales no sólo controlan lo que se siembra, lo que se cosecha, cómo se aplica y demás, sino también la manera en cómo entendemos la naturaleza y la salud.”

La agricultura industrial y el procesamiento industrial de alimentos degradan constantemente nuestra alimentación y salud, tanto al eliminar la nutrición y la salud del sistema alimentario como al añadir productos químicos y contaminantes a lo largo de la cadena alimentaria, desde la producción, el procesamiento y la distribución.

«Somos lo que comemos», este saber ancestral se vuelve cuantificable en los informes que producen investigadoras e investigadores comprometidos con la ciencia digna. Allí, los testimonios y la organización de las madres, como el emblemático Madres de barrio Ituzaingó, de las mujeres de Vecinas Unidas en Defensa de un Ambiente Sano (VUDAS), y desde trabajadores y trabajadoras de la salud colectiva -parte de los primeros en denunciar estas anomalías y los aumentos de cánceres- fueron nodales para poder informar y revelar la necesidad de pensar la salud de manera integral, haciendo real la noción de “una salud”. En ese camino, la seguridad alimentaria y la producción de conocimiento situado, intercultural y colectivo marca el pulso como parte de la transformación del sistema en una variedad de agentes y labores relacionadas con la agricultura sostenible, la sanidad animal, vegetal, forestal y acuícola, la inocuidad alimentaria, la resistencia a los antimicrobianos y la seguridad alimentaria. La nutrición como forma de preservar la vida. 

 

De especie en especie

El estudio titulado “El cambio climático aumenta el riesgo de transmisión viral entre especies”, publicado en la revista Nature analiza la «red de nuevos virus» que saltará de especie en especie y que aumentará a medida que se calienta el planeta, debido a la migración de animales salvajes por el aumento de la temperatura planetaria. Esta investigación, divulgada por la agencia Tierra Viva, destaca que debido al cambio climático podrían desarrollarse nuevos virus que se transmiten de animales a humanos, es decir por zoonosis.  

La investigación, desarrollada  durante cinco años, cruzó varias modelizaciones climáticas, datos sobre la destrucción de hábitats naturales y la manera en que los virus se transmiten entre especies. Se realizó tomando en cuenta un total de 3139 especies de mamíferos, siendo esta clase de animales la que alberga una gran diversidad de virus susceptibles de ser transmitidos a los humanos, y originando epidemias como fue el Ébola y la pandemia por Covid-19. En ese esquema, los murciélagos juegan un papel central ya que portan numerosos virus sin desarrollar la enfermedad pero con la posibilidad de infectar a los humanos a través de otro animal. El equipo dice que, en parte porque los murciélagos pueden volar, es menos probable que busquen barreras para cambiar sus hábitats.

Los autores de la investigación sostienen que el futuro incremento de la temperatura global «es irreversible, incluso si se limita el calentamiento global a 2ºC». Precisan que la zona del Sahel -al sur del desierto del Sahara, en África-, las tierras altas de Etiopía y el valle del Rift en el este de África tropical, India, el este de China, Indonesia, Filipinas y algunas poblaciones de Europa central serán afectadas.

Por acá, bajando hacia el sur global y con solo recordar los últimos meses, donde el cruce de las estaciones parece detenido en un eterno verano, eufemizado en “la ola de calor”, muestra el océano de consecuencias que la catástrofe anunciada del cambio climático implica en cada región y territorio. Muy, muy más acá -debido a las temporadas de incendios- se observan las migraciones de aves y nuevas especies conviviendo en las ciudades que modifican ecosistemas y paisajes.

En ese sentido, la necesidad de pensar desde los conceptos de una sola salud o bienestar planetario para que estos sean los vectores de las políticas globales y regionales forma parte de la salida de emergencia. Aquí no solo podemos tomar la cantidad de información y referencias que desde los mismos territorios y con las experiencias de barrio Ituzaingó Anexo y Malvinas Argentinas se fueron construyendo a nivel regional y global (con equipos de investigación, sanitarios, universidades -en ese entonces se destacó o la de Río Cuarto- las redes que pensaron desde salud colectiva -como la red de pueblos fumigados- las crónicas que documentaron el proceso y ese magma que se conformó y terminó construyendo el “Juicio a la fumigación” y después el “Fuera Monsanto”). 

En el último año, la revista The Lancet publicó un informe que señala que la contaminación ambiental causó nueve millones de muertes en un año donde uno de cada seis fallecimientos prematuros están asociados a los componentes nocivos en el ambiente. 

El autor principal del estudio, Richard Fuller, agregó: «el impacto de la contaminación sobre la salud sigue siendo mucho mayor que el de la guerra, el terrorismo, la malaria, el VIH, la tuberculosis, las drogas y el alcohol. El número de muertes causadas por la contaminación rivaliza con las causadas por el tabaco».

La contaminación y los desechos expulsados al aire, el agua y el suelo no suelen matar directamente, pero son causantes de graves enfermedades cardíacas, cáncer, problemas respiratorios y diarreas agudas, indica la revista científica británica. La cifra se agrava por la mala calidad del aire y la presencia de contaminantes químicos, destacó la Comisión sobre Contaminación y Salud de Lancet.

 

(*) Periodista, investigadora y docente universitaria

Democracia, destino común y actos concretos

Democracia, destino común y actos concretos

Escuela Popular

 «Porque, como dijimos muchas veces desde la tribuna política, los argentinos hemos aprendido, a la luz de las trágicas experiencias de los años recientes, que la democracia es un valor aún más alto que el de una mera forma de legitimidad del poder, porque con la Democracia no sólo se vota, sino que también se come, se educa y se cura”. Raúl Alfonsín, diciembre de 1983. Discurso de su asunción como primer presidente constitucional argentino, luego de la última y sangrienta dictadura de 1976.

 

Por Mónica Lungo (*)

 

Qué gran responsabilidad es escribir. Cada vez que me lo piden digo sí al instante porque hay que ocupar todos los espacios para ayudar a crear más conciencia política. Después me asaltan las preguntas: ¿qué tengo de importante para decir?  

Mastiqué preocupación un par de días, hasta que Bahía, mi hija que es politóloga, me rescató de mis inseguridades: «estás impregnada de democracia, la hacés todos los días, ¿en qué te trabás?»

Entonces empiezo contándoles quién soy y qué hago.

Soy maestra y fundé en 2002 la Escuela Alegría Ahora -junto a Miguel Genti- en el corazón de la injusticia y la desigualdad.

He sido maestra en las condiciones más hostiles y agresivas que he conocido: en la calle, debajo del cielo, “de prestado” en un garaje, en la plaza, en un club abandonado rodeado de peligros, en el campo, en las villas, sentada en la vereda, en la tierra, en medio de las balas, en la puerta de la cárcel, en la intemperie absoluta y no fui maestra en ninguna ciudad de Haití.

He enseñado a leer y escribir sin techo ni paredes, sin pizarrón, sin escritorio, sin banco, sin agua, sin baños, en el calor extremo, en la lluvia y no fui maestra en ningún pueblo de Sudán del Sur.

He sido maestra y tuve que limpiar heridas de balas de jóvenes que preferían el riesgo de morir que ir a un hospital. Aprendí horrorizada que conseguir un arma para un niño de 9 años es mucho más fácil que conseguir una pelota, una guitarra, una notebook, un libro. He estado en medio de balas entre vecines, con la policía, con los transas y no fui maestra en el conflicto yemení.

Soy maestra y he visto cabecitas de bebés agujereadas por larvas de moscas. Sus familias viven en lugares sin agua, los piojos chupan la sangre, se rascan, no hay con qué lavarse, se infectan y una cabecita de un bebé de un año queda atravesada por gusanos: 28 larvas le sacaron a una bebé y no fui maestra en lo profundo de Sierra Leona.

He sido maestra de estudiantes que se habían escapado de institutos prevencionales -cárceles disfrazadas para adolescentes pobres-, mujeres, en su mayoría, que sobrevivían en la calle con todos los peligros y atrocidades que se puedan imaginar (¿se animan a imaginar?) y por eso a la mañana llegaban a la escuela siempre en las condiciones que quedaron la noche anterior, nunca faltaban porque se convertían en estudiantes y por unas horas olvidaban el infierno. 

Con el grupo de varones, hubo años que pasaba por la comisaría antes de llegar a nuestro punto de encuentro y desde afuera los policías me decían si había o no “uno de los tuyos”, es decir, adolescentes que son detenidos por ser pobres, negros y sospechosos de todo lo malo. Hay calles de mi ciudad por donde a mis estudiantes no se les permite caminar. Soy maestra donde la cárcel está presente en la vida del 100 por ciento de mis estudiantes, de todes y de cada une y no fui maestra en la marginalidad de Buenos Aires.

He sido maestra de mujeres que tienen dueño. No importa que ustedes no puedan digerirlo. Es nuestra realidad. Y como dueños, los machos tienen derecho a golpearlas, denigrarlas, manipularlas, prohibirles estudiar, obligarlas a no cuidarse y quedar embarazadas, a violarlas si no quieren sexo e incluso matarlas.

Nunca me voy a olvidar de una estudiante de 60 años que se estaba alfabetizando, cuando nos dijo en una clase con los ojos llenos de lágrimas: “entonces todos mis hijos, los once, nacieron de violaciones porque yo nunca quería, me daba asco”. Esto lo he vivido muchas veces y no he sido maestra en Somalía.

He sido maestra de personas con hambre… Cuando pienso en lo que significa como sociedad haber naturalizado el hambre pierdo las esperanzas y me gana la rabia…

Casi toda mi vida la he pasado con personas que tienen hambre, que no se alimentan, que están por debajo o muy arriba de su peso por estar mal nutridas.

En 2019, al término de un gobierno neoliberal, tuve otra nueva experiencia traumática: que el hambre hiciera temblar a un bebé en mis brazos, una experiencia que recuerdo casi todos los días de mi vida porque es tener el horror en upa, lo peor de esta sociedad en el cuerpo de una semilla de la Humanidad. Y no fui maestra en el norte de Nigeria.

Desde hace un par de años los bebés no solo pasan hambre, nacen con adicción a la cocaína. Sus corazoncitos laten desesperadamente por la abstinencia. Y no soy maestra en una villa venezolana.

Soy maestra hace 25 años en Córdoba Capital, Argentina, en el mundo que se esconde pero que late muy fuerte en lo profundo.

En ese corazón donde todo duele, les cuento también que amo profundamente nuestra democracia. La amo, la defiendo, la mejoro. Y no es una locura, es una potente convicción política, precisamente, porque estoy en los territorios donde no llegó y por eso es un deber ético luchar para concretarla. 

La democracia es, hasta ahora, la mejor forma que tenemos para organizarnos socialmente. Por eso creo que hay que hacerla crecer, alimentarla, cuidarla, conocerla y comprometernos a traducirla en actos concretos. 

 

 

Actos concretos, porque como acabo de contar, no todas las vidas suceden en los mismos lugares, en las mismas condiciones, con las mismas posibilidades. Ya lo sabemos, porque la injusticia social está muy estudiada, «sobreestudiada» diría yo, y muy poco atravesada por el cuerpo. Y ahí está el problema: la incoherencia que aprendemos, naturalizamos y llevamos adelante toda la vida.

La educación tradicional -“bancaria” en palabras de nuestro referente político y pedagógico Paulo Freire- enseña a mirar el mundo como algo acabado, donde ya no hay mucho por hacer. Injusticias hubo siempre, pobres hubo siempre y es una tremenda ingenuidad creer que la democracia va a llegar a toda la Humanidad. 

Nos han enseñado a convivir con la incoherencia de decir una cosa y hacer otra. La única salida posible es salvarte en soledad. ¡Qué gran mentira!

Creo que sabemos muy bien cuando una situación es injusta, pero… ¿cuánto me voy a jugar para cambiarla al menos un poquito?

Sí, nos cagamos la mayoría de las veces. La cobardía, la comodidad, la indiferencia y el individualismo también son logros de la escuela tradicional, que responde al sistema capitalista.

Por eso he dedicado la vida a la educación, porque para mí es la profesión más política de todas y porque desde ahí todos los días, sí todos los días, construyo democracia. 

Llamamos a nuestra forma de hacer educación «Pedagogía del Amor Político». Enseñamos y aprendemos que el Amor Político es un profundo Amor por nuestra sociedad. Sociedad que muchas veces nos horroriza y tantas otras nos conmueve con su belleza y ternura.

Nuestra meta es el bien común, el bienestar social, no el individualismo. Somos conscientes de la importancia de la participación social, por eso elegimos construir una Educación Humanista en los lugares más hostiles y crueles de nuestra ciudad.

No solo para las personas que nacen sin Derechos Humanos garantizados, sino para todo el mundo, porque desde nuestro pequeño y sencillo lugar escribimos un destino social cada vez mejor. 

Hacemos escuela en el mundo de la violencia extrema. Lugares sin tiempo, sin protección, sin cobijo, sin caricia, donde también compartimos los gestos solidarios más luminosos.

Experimentar la solidaridad en el abismo fue un shock que me rescató de la desesperanza frente a tanto horror. Porque fui testigo de la importancia vital de sostener la solidaridad.

¿Existe un mejor sistema de gobierno que nos permita profundizar un camino humanista? 

Creo que no, lo que sucede es que no educamos para «la alegría general», como decía Rodolfo Walsh. Educamos para el individualismo. Entonces, decir democracia muchas veces es decir votar a los partidos «menos peores», no comprometernos con los actos de gobierno, quejarnos mucho, acomodarnos y volver a votar. Sin Memoria y sin Amor Político. 

El sociólogo francés Émile Durkheim, considerado uno de los padres fundadores de la sociología como ciencia, sostiene: “la solidaridad social se encuentra en la conciencia colectiva de las sociedades. Los diferentes grupos sociales que conforman una comunidad necesitan de la solidaridad para el desarrollo de un sinnúmero de actividades para las cuales deben colaborar y apoyarse mutuamente.” 

 

“He dedicado la vida a la educación, porque para mí es la profesión más política de todas y porque desde ahí todos los días, sí todos los días, construyo democracia” 

 

Por eso sostiene que la solidaridad social es el fruto de esta conciencia colectiva. Conciencia colectiva que permitirá un desarrollo individual, pero siempre conectado a la especie. Porque pensar en las demás personas es un deber, una responsabilidad, un compromiso y una necesidad. Y esa conciencia colectiva es alimentada por actos democráticos.

La realidad donde nazcas y crezcas te determina para siempre.

A quienes sostienen desde sus comodidades que se es pobre porque se quiere, les digo: ¿se animan a pensar estas preguntas?

¿Serías quien sos si hubieras nacido en una familia que nunca tuvo trabajo formal? ¿Y si tu casa siempre fuese una pieza helada, sin una sola baldosa para tu propio mundo? ¿Si nunca pudiste llegar a tener un solo cuento de buenas noches porque tu mamá no sabía leer?

¿Si en vez de canciones de cuna dormías con los sonidos de las balas?

¿Y si hubieses tenido que dejar el secundario para hacer changas?

¿Y si la comida era poca y la educación pasaba a ser un sueño lejano? Hasta que nacen generaciones que se olvidaron de su derecho a la educación.

¿Si pasabas una vida de frío? 

¿Si tu cuerpo está débil porque no se alimenta y tu cabeza es un manojo de nervios porque nunca conociste la tranquilidad?

Las personas que no han tenido garantizados sus derechos tienen una vida traumática. Si lo decimos de alguien de Palestina, Siria o Croacia nos conmovemos profundamente. Si lo decimos de un” negro de mierda” de Ciudad Evita, y bueno…ahí cambia. Porque está cerca y cerca tenemos la posibilidad de accionar. Más fácil sensibilizarnos con quienes son inalcanzables. Y mucho mejor si esos dolores no me tocan.

Hace poco en las redes, una «compañera» -es decir alguien que mira con la misma ideología que yo la sociedad- estaba muy enojada porque a su hija le habían robado el celular. Y claro que es un bajón.  Pero de ahí a decir: «una cosa es ser pobre y otra, vago. No me digan que no se acostumbraron a los planes, a recibir de arriba, a no esforzarse. Mi nena pasó por una experiencia traumática, quiero cárcel para estos chicos y no me importa que sean menores de edad», me parece una contradicción muy peligrosa. ¿Cuando lo injusto nos toca queremos mano dura y no más democracia? 

Tenía 11 años cuando Alfonsín dio ese discurso, recuerdo que lo escuchamos en familia con emoción y esperanza. No han sido fáciles estos 40 años pero son mil millones de veces mejores que una dictadura. 

Hay que aprender que no sólo es memoria. Hay que ponerle el cuerpo a las ideas. Si no, no sirve. Porque el mundo no está acabado y la democracia -con todas sus fallas, mayormente producto de individuos no del sistema en sí- nos permite escribir un destino común cada vez mejor.

Ese destino tiene gran parte de ese sueño de Alfonsín y que es la única deuda que tenemos que pagar [1] con urgencia: lograr que con la democracia no sólo se vote, sino que también se coma, se eduque y se cure. Estamos en eso. ¡Con alegría y ahora!

 

  1. La palabra «pagar» viene del latín «pacare», que significa «apaciguar». Es decir, dar algo a alguien para calmarlo y mantener la paz.

 

 (*) Educadora Popular. Maestra fundadora de la Escuela Primaria de Jóvenes y Adultos «Alegría Ahora » en Barrio Bella Vista. La escuela fundada en 2002 es una experiencia muy particular de Educación Popular dentro del Sistema Educativo Formal. Las personas se alfabetizan y terminan el ciclo primario obligatorio. Para que puedan permanecer y lograrlo se creó la Fundación Alegría Ahora, que es la cooperadora que garantiza a estudiantes y sus familias los derechos humanos básicos de alimentación, salud y abrigo. 

La banda de sonido de una época: de la resistencia a lo popular

La banda de sonido de una época: de la resistencia a lo popular

 Música en democracia

 

El despertar democrático tuvo su propia banda de sonido en Córdoba. Esa eufórica esperanza que brotaba desde las urnas aquel octubre de 1983 vivió su correlato musical en la provincia. 

 

Por Andrés Fundunklian (*)

 

Los artistas y canciones que proliferaron en los primeros años de democracia no irrumpieron de un día para el otro. Más bien todo lo contrario, fueron consecuencia de una movida cultural que pasó de tener el carácter de resistencia, a la posibilidad de ser un canal de expresión para esa juventud ávida por salir de la oscuridad y persecución que se perpetraron durante los largos años de dictadura cívico-militar.

Es cierto que esa liberación social comenzó a respirarse ya desde varios meses antes de las elecciones. 

Un hecho histórico ocurrió el 10 de diciembre de 1982, cuando Mercedes Sosa brindó un emotivo recital en la cancha de Belgrano ante más de 20 mil almas conmovidas y en coincidencia con el Día Internacional de los Derechos Humanos. La Negra había regresado al país a principios de ese año después de más de tres largas temporadas en el exilio, para brindar esa mítica seguidilla de 13 conciertos en el Teatro Ópera que se plasmarían en el inolvidable disco doble en vivo convirtiéndose en uno de los más escuchados y vendidos de la música argentina. 

Ese mismo disco de Mercedes sonaba en aquellos días en la casa de Horacio Sosa, un personaje clave en la historia musical de Córdoba y responsable de esa banda de sonido del resurgir de la democracia. Mismo apellido, aunque sin parentesco, hay un nexo que los une. Sosa nació en Diamante, Entre Ríos, en 1955, aunque arribó a Córdoba a los ocho años de edad cuando su padre comenzó a trabajar en la automotriz Kaiser, que al poco tiempo fue adquirida por Renault. El joven Horacio se crió escuchando música folklórica, se sorprendió al llegar a Córdoba con el cuarteto característico y se fascinó cuando se topó por primera vez con los Beatles por la radio. 

Después de participar en el grupo Comunidad y otras experiencias con una fuerte impronta coral, Sosa transitó en los últimos años de la década del 70 una etapa musical que lo marcaría para siempre: fue el guitarrista que acompañó por más de dos años a Francisco Heredia, el cantautor más destacado de aquel tiempo en Córdoba y el “que decía lo que había que decir, como se podía decir”, según recuerdan siempre los músicos que fueron contemporáneos.  

Apremiado por la situación como tantos artistas, Heredia se exilió en México en 1979. Estuvo detenido varios días después de un mítico concierto en Redes Cordobesas junto a Víctor Heredia, Quinteto Tiempo y Los Puka Huara. “Esto se parece al circo romano, pero los leones están afuera”, recuerda Sosa que el cantautor lanzó desde el escenario haciendo referencia a la enorme presencia policial que se encontraba en las inmediaciones. Una lamentable postal de época. 

 

 

Por la huella de Francisco Heredia

Un año antes de la partida de Heredia, Sosa había conformado un dúo junto a la cantante y pareja por aquel entonces, Hélida López, al que llamaron Posdata. Según relata el por entonces guitarrista, haber compartido esa experiencia con Heredia lo nutrió de la sensibilidad para pintar la aldea a través de las canciones, a la vez que lo ayudó a conectarse con la temática latinoamericana. “Esos temas que cantaba Francisco quedaron picando en el área para luego, cuando yo los retomé, poder hacer los goles”, grafica Sosa con una metáfora futbolera. Justamente durante el Mundial de 1978, Heredia compuso Córdoba va, la que se convertiría en canción insignia años más tarde. El camino estaba marcado.

Mientras tanto, Sosa trabajaba en la Editorial Córdoba que editaba uno de los matutinos con más tirada de la ciudad. “El diario fue para mí como un refugio. Además, le tomé el pulso cultural a la ciudad desde adentro. Llegué porque era profe de guitarra de la periodista Norma Fernández, quien me propuso comentar discos y publicar información de los cineclubes, otro gran cobijo cultural de esa época”, recuerda el músico.

Con el ingreso de Hernán “Pancho” Alvarellos, eximio vientista y violinista con formación clásica pero fuerte arraigue en la música popular, Posdata transformó su sonido y tras la partida de Hélida López, Sosa tuvo que hacerse cargo de la voz. “No tenía pensado cantar”, reconoció el guitarrista en varias oportunidades.

Omar Rezk y Toto López, dos actores comprometidos de la época y que luego serían decisivos para el teatro cordobés, comenzaban a producir en ese tiempo una intervención con poesía y palabras que servía como canal para expresar sentimientos de lo que estaba ocurriendo. “Era sensibilidad pura y también un acto de rebeldía”, comentaría con el tiempo el primero de los actores. 

En marzo de 1982 estrena Córdoba Va, un espectáculo poético musical con Rezk y López y las canciones de Posdata, a los que se suma el “Zurdo” Roqué, percusionista destacado de ese tiempo que integraba junto a la cantante Tere Ferrero el grupo Quetral. Fue uno de los emblemas musicales de ese tiempo junto a Vamos a andar y Los Músicos del Centro, de los hermanos Juan Carlos y Mingui Ingaramo, ya asociados artísticamente con un consagrado Litto Nebbia.  

“Aguas de la Cañada que nunca serán del mar, fue en tus orillas donde yo empecé a soñar”, cantaba Sosa promediando ese espectáculo, trayendo a escena uno de los temas más recordados de Heredia que se convertirían en uno de los grandes éxitos de Posdata años más tarde. Los textos de los actores iban de Hamlet Lima Quintana y Armando Tejada Gómez, a Vicente Zito Lema, Juan Gelman y hasta un desconocido por entonces Daniel Salzano. 

Después de algunas funciones en la Nueva Trova, el bar cultural que pertenecía a Tito Acevedo quien había administrado también Tonos y Toneles, otro de los espacios emblemáticos para el surgimiento de este movimiento de la canción y poesía urbana, el espectáculo Córdoba Va se establece en El Carrillón, donde realizan más de 300 funciones entre 1982 y 1983. Regenteado por Rodi Travalón, este era otro reducto fundamental y donde un par de años más tarde se encontrarían por primera vez en un escenario Julio Paz y Roberto Cantos, posteriormente el Dúo Coplanacu.

 

La Falda, 1984

Si bien el espectáculo Córdoba Va fue un suceso entre ese público mayormente integrado por estudiantes y artistas, el gran golpe de Posdata ocurrió en febrero de 1984 durante el Festival de Música de Contemporánea de La Falda. Este particular encuentro se había realizado durante los últimos cuatro veranos en el anfiteatro municipal de esa localidad del Valle de Punilla con la presencia de los máximos exponentes del rock argentino: Charly García y Luis Alberto Spinetta con sus diferentes proyectos y también la inclusión de artistas de otros palos como Dino Saluzzi, el propio Cuchi Leguizamón y una variedad de bandas locales o provenientes de otras provincias que le daban un carácter federal y único al evento. El responsable era Mario Luna, uno de los pocos que difundía desde su programa en Radio Universidad esta música considerada por ese entonces casi exclusiva “para los jóvenes”.  

Lo concreto es que, a partir de esa presentación en La Falda, Posdata logró lo que un tiempo atrás parecía imposible: firmar un contrato con un sello nacional como RCA y viajar a Buenos Aires a grabar su primer disco. Ese álbum continúa los grandes himnos de Francisco Heredia como el mencionado Aguas de la Cañada, En la peatonal y por supuesto, Córdoba va, que se transformó en un verdadero fenómeno popular.

 

 

“Cuando volví de México, me impresionó caminar por la ciudad y escuchar que la silbaba un albañil en un andamio. ‘Qué bárbaro cómo me vuelve la canción, silbada por un albañil’ Mi padre era albañil. Eso me emocionó mucho”, contaba Heredia en una entrevista con La Voz del Interior sobre aquella época.

La trascendencia fue tal, que la Unión Cívica Radical lo contactó para utilizar la canción como jingle en la campaña para la reelección de Eduardo Angeloz en 1987.

“Francisco tenía simpatías radicales por tradición familiar y gente del partido le hizo una oferta, con cambio de letra y todo. Nosotros como Posdata salimos a decir que no compartíamos esa decisión y se armó una grieta que costó mucho remontar”, relata Sosa consultado al respecto, para luego agregar que con el tiempo retomó el contacto con Heredia, quien hace años está radicado en Traslasierra y se presenta en vivo muy esporádicamente. 

 

“Paralelamente a esa gran explosión de Posdata y la canción urbana, se consolidaba una escena más rockera en la provincia que tenía varias vertientes”.

 

El otro recuerdo de Córdoba va que trae Sosa está relacionada con la histórica visita de Juan Pablo II en abril de ese 1987. “Entraba el papamóvil por la Avenida Colón y pusieron el tema de fondo. Lo vi con mis propios ojos. Fue una canción transversal y por fuera de algunos clásicos del cuarteto o del folklore, fue la primera que logró esa repercusión”, añade con orgullo.

En ese primer disco de Posdata también está Quiero amar mi país, un tema compuesto por Sosa en letra y música y que luego grabó Mercedes Sosa a fines de 1985, retomando la mencionada conexión. “Eso fue un gran respaldo. Lo curioso es que cuando se presentó el disco Yo vengo a ofrecer mi corazón en el Luna Park, no fui. Incluso me comentaron que la Negra me mencionó y todo. Ahora lo pienso y no lo puedo creer. Con los años tuve mi revancha: en 2006, unos amigos de Las Varillas organizaron un recital en el club del pueblo y me invitaron a compartir con Mercedes. Terminé cantando el tema con ella. El video del momento está subido en YouTube”, detalla Horacio cerrando el círculo. 

Paralelamente a esa gran explosión de Posdata y la canción urbana, se consolidaba una escena más rockera en la provincia que tenía varias vertientes. Una más ligada al jazz y la fusión con Tamboor como emblema, el grupo encabezado por el genial Daniel Giraudo. En esa línea también brillaban el grupo Jam de Juan Carlos Pesci, con Minino Garay, Pichi Pereyra y Juan Herrera entre sus filas o La Legión, otro colectivo alucinante con el que compartía instrumentistas. La otra más blusera, con el mítico Sergio Barbosa recién regresado de su exilio en Brasil y la banda Año Luz, comandada por el “Gordo” Jorge Cueto. 

Por ese entonces, en 1984, se realiza la primera edición del Córdoba Rock, un festival que fue absolutamente pionero y tal vez no tenga el reconocimiento popular que merece. 

El evento motorizado por “Pancho” Sarmiento, histórico jefe técnico del Teatro del Libertador, fue el primero en disponer de tres escenarios simultáneos durante varios días y más de 50 propuestas. Allí mismo fue donde la banda del “Gordo” Cueto popularizó Quién se ha tomado todo el vino, la versión original del tema que años después grabaría La Mona Jiménez para convertirlo en un hit nacional.

 

La Fura

“Tiraban pirotecnia desde el escenario hacia el público. Luego hacían música con los tachos de 200 litros generando una danza tribal impactante y por último terminaban destrozando televisores junto a la gente”, resume Rafael Reyeros, maestro escenógrafo de Córdoba sobre la recordada presentación de La Fura del Baus en el primer Festival Latinoamericano de Teatro realizado en octubre de 1984. Sin dudas, un antes y un después para varios artistas locales que se impregnaron de esa performance absolutamente rupturista del grupo catalán.

Esa intervención y el festival en sí trascendió lo artístico cultural para transformarse en un verdadero acto político y símbolo del regreso de la democracia. Yendo puntualmente a la actuación de La Fura realizada en la ex Escuela Olmos, que con los años se terminó convirtiendo en shopping e ícono de la Córdoba consumista, fue disparadora de una escena pospunk que emergió en diferentes sectores. Las anárquicas manifestaciones del grupo Zroom en la Facultad de Arquitectura, la irrupción de Los Enviados del Señor, el proyecto vanguardista encabezado por Mario Bulacio, y Los Besos, un trío de mujeres pionero en la escena. 

Esa mezcla de renovación y modernidad es la que también se plasmó en las primeras ediciones del Chateau Rock, un festival que tuvo su primera edición en 1985 en el estadio mundialista, curado por Mario Luna, pero con gran apoyo municipal que aprovechó la ocasión para promocionar que se construirían escuelas con parte de lo recaudado.

“La Falda era el festival hippie y el Chateau, el moderno”, comentaba años después Luna, quien dejaba el encuentro serrano cansado por ciertos desmanejos y el exagerado estigma de “violento” que comenzaba a cargar el festival. Lo cierto es que Pasaporte primero y Proceso a Ricutti después fueron las dos bandas que mejor supieron leer ese cambio de época, con un sonido pop y con mirada cordobesa. Ricutti, incluso, se animó a cantarle a la Cañada desde otro lugar: ya no era la nostalgia de Heredia y Posdata, sino una suerte de respuesta a todo eso y con el humor, la ironía y el baile como bandera.

La otra gran banda de sonido de esos primeros años de la vuelta democrática fue por supuesto, el cuarteto, muchas veces desplazado durante los años de la dictadura. Y más aún, la gran noticia fue la aparición de un joven Carlitos Jiménez que daba sus difíciles primeros pasos como solista, después de una exitosa época como cantante del Cuarteto de Oro. 

Su primer gran éxito fue La flaca la gasta, que sonó en todos lados y fue hit del verano en Carlos Paz. Pero enfrentado con los dueños de los clubes bailables de la ciudad por su decisión de cortarse solo, La Mona tuvo que comenzar casi de cero presentándose en pueblos y ciudades del resto de la provincia. Todo cambió cuando empezó su relación con el Sargento Cabral: el gran mito comenzaba a construirse.

Impulsado por este crecimiento y una expansión a nivel nacional, Jiménez llegó al Festival de Cosquín en 1988. Sí, el máximo evento folklórico que el año anterior le había abierto la puerta al fenómeno popular del tunga tunga con el Cuarteto Leo, fundador del género. La realidad es que esa noche del 27 de enero fue una de las más tristes que se recuerden en la historia del festival: el desborde del público en la Próspero Molina generó graves incidentes y destrozos, por lo que la jornada tuvo que suspenderse. Muchos años le costó a La Mona y al cuarteto reivindicarse en ese escenario emblemático y sacarse un estigma que todavía perdura en ciertos sectores. De todas formas, nada de eso impidió que el género se convirtiera en la música más popular de Córdoba y con el tiempo, en una gran industria. 

(*) Periodista. Secretario Gremial del Cispren.

Una agenda cada vez más necesaria para lograr la igualdad de derechos

Una agenda cada vez más necesaria para lograr la igualdad de derechos

Género y trabajo

Los reclamos por la equiparación de derechos laborales entre mujeres, varones y diversidades resuenan con más fuerza. Especialistas aseguran que es la matriz para combatir otras desigualdades. Coinciden en que es necesaria mayor participación femenina en los sindicatos.

 

Por Virginia Digón (*)

 

En los últimos 40 años que transitó la Argentina en plena democracia mucho se ha avanzado sobre los derechos de las mujeres. El movimiento feminista, grupo heterogéneo de colectivos que tienen en común el reclamo por la igualdad de derechos entre mujeres, varones y personas del colectivo LGBTIQ+, se volvió masivo. 

Fue luego de 2015 con el primer grito de ¡NiUnaMenos! en contra de la violencia de género, que todo aquel movimiento integrado en general por un grupo reducido de comunicadoras se masificó, la sociedad y las mujeres en particular tomaron más conciencia de sus derechos y esto permitió llevar esa mirada a las instituciones, a la justicia, a las escuelas, a los Estados. 

La mirada con perspectiva de género permitió incluso hacer una revisión sobre los procesos históricos que no tuvieron en cuenta a la hora de escribirlos, los aportes de las mujeres o las violencias sufridas. 

La aprobación de leyes que plantean un cambio hacia la igualdad ha sido el lugar de mayor avance en este sentido. Claro está que no siempre la sociedad y las instituciones están preparadas para cumplimentar en forma real ese mundo ideal plasmado en las bancas del Congreso. 

Argentina es un país pionero en la región en la sanción de leyes: la ley 26.485 de Protección Integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia (del año 2009), la ley de matrimonio igualitario (2010), la ley de Identidad de Género (2012), que es usada como base y ejemplo en otras legislaciones del mundo. También la ley 27.610 de Interrupción voluntaria del embarazo (2020), el decreto que reconoce el DNI no binario, la ley 24.012 de cupo femenino en la política (1991) y ley de cupo en eventos musicales (2019). A ello se suma un centenar de fallos que marcaron jurisprudencia y un cambio sustancial en la forma de leer las causas judiciales. Por mencionar una, en 2012 se incorporó al Código Penal el agravante por “violencia de género” (femicidio) en el artículo 80 de homicidios.

Pero hay un punto en el que se ha avanzado, aunque poco, y es el ámbito laboral. 

Argentina cuenta con una ley de Contrato de Trabajo del año 1974 que poco refleja estos cambios antes mencionados. Sí es menester mencionar que el acuerdo 190 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre la eliminación de la violencia y acoso laboral fue ratificado en Argentina mediante la Ley 27580 en 2022.

Fue un paso clave para comenzar a visibilizar y tratar una de las violencias más silenciadas, que son las que ocurren en el ámbito del trabajo. Es más común oír sobre denuncias de violencia de género en el contexto doméstico que en el contexto laboral y no es porque ocurran menos.

 

8M y Paro Internacional de Mujeres

Desde 2016 el movimiento feminista a nivel mundial realiza llamados a la huelga. “Si nuestras vidas no importan, produzcan sin nosotras” es el lema que encabeza cada 8 de Marzo. Esto ha llevado y revalorizado las condiciones laborales de mujeres e identidades feminizadas en el campo del trabajo formal (remunerado) y el trabajo doméstico. 

Con el fin de aportar miradas especialistas a la discusión y el análisis con base en la legislación teórica y práctica, las abogadas María Martha Terragno, María Paula Lozano y Luciana Censi compilaron un libro con aportes colectivos que titularon Derecho Laboral Feminista. Allí 16 especialistas de distintas disciplinas abordan los temas que son las consignas principales de los reclamos: brecha salarial, el sistema de cuidados, acceso al trabajo, violencia laboral, teletrabajo, maternidad, la salud laboral con perspectiva de género, el rol de las organizaciones sindicales y los derechos laborales de personas travestis-trans.

 

 

“Hay un vacío normativo que determina que muchas de las desigualdades estructurales, como el rol estereotipado de los géneros que produce la división sexual del trabajo, estén invisibilizadas en los convenios de trabajo”, advierte María Terragno. 

Desde el movimiento feminista se ha intentado poner nombre y ejemplos concretos a estas desigualdades: se le llama techo de cristal a una especie de “barrera invisible” que aparece cuando las mujeres se acercan a la punta de la pirámide en la jerarquía corporativa y se les bloquea la posibilidad de avanzar en su carrera profesional. O el “suelo pegajoso” que se llama a las dificultades de mujeres para salir del ámbito doméstico e insertarse en el mercado laboral. Hay numerosos conceptos que han sido medidos estadísticamente por estudios de géneros incluso que se han ido incluyendo en mediciones como las de la Encuesta Permanente de Hogares del Indec que en 2013 comenzó a medir el uso del tiempo donde se pudo detectar cuántas horas le dedican mujeres y varones a las tareas domésticas y de cuidado.

 

Mayor tasa de empleo, iguales tareas de cuidado

En 2022, el Gobierno Nacional mediante un decreto reglamentó el artículo 19 de la vieja ley de Contrato de Trabajo por el cual las empresas del sector privado que tengan más de 100 trabajadores en su sede deberán contar con una guardería destinada al cuidado de sus hijos e hijas de entre 45 días y 3 años.

En marzo de 2023 se cumplió el plazo que tenía el sector privado para aplicar la normativa y lejos está aún de cumplirse. 

Es un primer reconocimiento para tratar de repartir las tareas de cuidado dentro del hogar, asumida en un 70% por mujeres, según datos del Indec.

Si comparamos los datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del tercer trimestre de 2022 con la del mismo período en 1994 obtendremos que la tasa de empleo de mujeres de entre 30 y 64 años aumentó un 9,2%. Sin embargo, ese aumento del trabajo no tiene correlación con una menor carga en las tareas de cuidado dentro del hogar. 

Las especialistas marcan que esta desigualdad es la matriz de todas las desigualdades económicas de las mujeres. Ya sabemos que al dedicar más horas de cuidado y tareas domésticas en la casa (en forma gratuita) menos tiempo tienen para trabajar en el mercado laboral remunerado, para capacitarse o para ascender a puestos de mayor jerarquía. 

Leticia Medina es doctora en Ciencias Sociales de la UNC y secretaria General de CTA. En su equipo de investigación junto a Elisa Arriaga estudian temas relacionados al feminismo y el trabajo. Si bien indica que es buena la tendencia del aumento de participación de mujeres en el mundo laboral asegura que la inserción laboral sigue siendo desigual por diversos factores.

“Uno de ellos trata sobre los sectores en los que las mujeres se insertan, que son generalmente los de baja productividad y que tienen que ver con el cuidado de personas como el ámbito de la salud, la educación y el servicio doméstico. Otro factor es la informalidad. Ahora hay un pico en la tasa de empleo, pero casi la mitad es trabajo informal”, advierte.

Por otro lado, la especialista marca la falta de acceso a cargos jerárquicos y otro factor es la distribución de las tareas calificadas. “Las mujeres tenemos mejores niveles de educación y capacitación, pero no accedemos a las tareas calificadas”.

 

Fotografía: Leo Luna

 

Cupo laboral trans

El 3 de septiembre de 2020 el presidente de la Nación decretó el cupo laboral travesti-trans del 1% aplicable a instituciones del sector público nacional. El decreto luego convertido en la ley 27636 de Promoción de Acceso al Empleo Formal para Personas Travestis, Transexuales y Transgénero “Diana Sacayán-Lohana Berkins por el Congreso Nacional en julio de 2021. 

Como suele ocurrir, las leyes ocurren antes que los cambios sociales. Son leyes necesarias, importantes y que le dan legitimación a un reclamo más que justo por las enormes desigualdades históricas que sufrieron las personas trans, que se dedican en un 80% al trabajo sexual por la exclusión del mercado formal. Esta matriz discriminatoria y machista que las excluye del ámbito laboral, incluso de sus propias familias en muchos casos, lleva a que hoy la esperanza de vida de una persona trans sea de entre 35 y 40 años. 

La aplicación de la ley, aseguran desde las organizaciones travesti trans, aún está lejos de cumplirse.

Será motivo también de que se lleve la normativa a los ámbitos privados para promover la diversidad en los ámbitos laborales.  

 

Sindicatos

La falta de agendas de género en los sindicatos es uno de los temas más recurrentes de las trabajadoras que conforman estos espacios.

“En general, los sindicatos no tienen incluida la agenda con perspectiva de género. Incluso a los feminismos les cuesta abordar el ámbito del trabajo. Hay tantas urgencias, dadas por los femicidios, los casos de abuso, de acoso, que parece que esto viene en segundo plano”, opina Terragno.

A esto se le suma la constitución propia de las estructuras sindicales que han sido ocupadas mayormente por hombres y responden a una matriz históricamente machista.  

En 2002 se sancionó en Argentina la ley de cupo en los gremios, aunque las mujeres sindicalistas aseguran que ni siquiera se llega al 30% de participación femenina.  “También, más allá del cupo, hay que ver qué rol cumplen quienes sí están dentro de las organizaciones, porque son pocas las que están en lugares de toma de decisiones”, dice Soledad Barrionuevo, de la Comisión de Género del Sindicato Sindicato Unión Obreros y Empleados Municipales (Suoem). 

 

“En general, los sindicatos no tienen incluida la agenda con perspectiva de género. Incluso a los feminismos les cuesta abordar el ámbito del trabajo”, opina María Terragno.

 

Desde esta necesidad, en Córdoba se conformó en 2017 la Intersindical de Mujeres conformada por integrantes de 25 gremios. Leticia Medina repasó los inicios de la organización: “A inicios de los años 80, con la vuelta de la democracia, hubo un florecimiento de los sindicatos y comenzaron a aparecer las primeras Secretarías de la Mujer y la Familia, como se las llamaba en esa época. Desde esos espacios las mujeres fueron construyendo una agenda propia”.

La Intersindical de Mujeres de Córdoba realizó un estudio hace dos años titulado “Trabajo y justicia social. Desigualdad laboral y el derecho al cuidado. Avances y deudas de las organizaciones del trabajo en Córdoba”.

En el informe, realizado por ocho profesionales de la comunicación, la historia, la psicología y la educación, se hace hincapié en la construcción de una agenda de cuidados para poder fomentar la participación de mujeres en la militancia sindical. Las especialistas aseguran que éste es el principal obstáculo que manifiestan las trabajadoras a la hora de la participación sindical. 

“Como todo tipo de política, requiere de tiempo. Creo que en lo sindical no se ha avanzado tan rápido como en otros ámbitos, como el legislativo nacional, provincial, incluso en los centros vecinales. Tenemos una ley de cupo del 30% que casi no se cumple”, advirtió Soledad Barrionuevo. 

Por supuesto que también hay avances. Algunos gremios, como el Círculo Sindical de Prensa y la Comunicación de Córdoba (Cispren), por primera vez en la historia ganó las elecciones con una lista conformada en un 50% por trabajadoras mujeres o identidades feminizadas. Además, el sindicato de las y los trabajadores de prensa de Córdoba es conducido por una mujer, Mariana Mandakovic.

Para Medina, la participación de las mujeres en los gremios es “creciente y potente” y relaciona esa potencia con la articulación de las agendas propias que llevan adentro de los sindicatos junto con la Intersindical de mujeres y el movimiento feminista.

“Creo a modo general que la conciencia de todo ha cambiado, incluso la de muchos varones, también. Tenemos un cambio en la sociedad pero faltan cambios en las prácticas y es un cambio que hay que exigir”, concluyó Terragno. 

 

(*) Periodista, integra la Comisión Directiva del Cispren

 

Las causas abiertas del Pabellón Argentina

Las causas abiertas del Pabellón Argentina

Las luchas del movimiento estudiantil y la persecución política en democracia

*Por El Resaltador

 

Juventudes y política emergen desde mundos convulsionados donde urgen cambios. La historia y tradición de lucha de nuestro pueblo, en general, y de la juventud, en particular, son portadoras de una riqueza enorme y una tradición de combatividad que ha logrado definir las páginas no sólo de la historia sino también del presente con miras siempre a un futuro mejor. 


Ubicarnos en este presente, con la responsabilidad de defender la continuidad de 40 años de gobiernos constitucionales, nos lleva a reflexionar sobre el rol de la juventud en los procesos de cambio y las tensiones democráticas que de ellas derivan. Una democracia actual que no es la ideal, sino que es consecuencia del modelo neoliberal que se instauró no sólo en nuestro país, sino en toda América Latina desde la década de los ‘70.

Mediante un plan sistemático de aniquilamiento físico, moral y político, la última dictadura se concentró en las juventudes organizadas y movilizadas en proyectos políticos que disputaron poder en la búsqueda de un cambio de raíz en las formas en las que se organizan las condiciones de vida.

En los últimos 40 años que vivimos bajo un Estado democrático, las formas que adquirieron las protestas sociales y las respuestas que elaboran los gobiernos ante éstas han variado. Instrumentos legales, amedrentamiento y represión se ponen en juego en la disputa entre el poder del Estado y los movimientos sociales, por la construcción de herramientas propias para la intervención de la realidad. 

Para comprender las causas políticas que atañen a esta dinámica, y que han definido el carácter de las luchas estudiantiles en la historia reciente, también debemos reconocerlas desde y como parte de un legado que es histórico, con procesos de lucha que se continúan unos a otros pese a sus saltos temporales y geográficos. De allí la premisa: “todos los derechos de hoy han sido esas luchas de ayer, y a su vez, las luchas de hoy serán los derechos del mañana”.

Desde nuestra historia podemos mapear cientos de hechos políticos con distintas intensidades que han sido protagonizados por juventudes, pero aquí nos centraremos en aquellos que lograron poner en jaque a los sectores dominantes, y a su vez, por las respuestas que han dado estos últimos, por fuera de los parámetros democráticos que debieran ser propios de las instituciones que ocupan, con el fin de conservar el orden vigente.

Es por ello que nos permitimos pensar: ¿Es la democracia un concepto quieto y estanco? ¿Cómo las luchas y sobre todo las juventudes han construido y disputado las prácticas democráticas en la historia reciente? ¿De qué democracia hablamos cuando se judicializa, persigue y criminaliza a los jóvenes cuando exigen cambios? ¿Sobre qué democracia caminamos y hacia qué democracia vamos?

 

Las luchas de ayer, los derechos de hoy

A partir de la Reforma Universitaria de 1918, pasando por el Cordobazo y las luchas de los ‘70 que configuraron la experiencia que llevaron a las juventudes en los ‘80 -ya con el retorno constitucional- a pararse en un presente con una perspectiva diferente. Luego fue la resistencia a la Ley de Educación Superior y las reformas mercantilistas que de ella se sucedieron post 2000, hasta las tomas de facultades en 2018 y la siempre vigente exigencia por la gratuidad educativa. Las luchas volvieron a tomar trascendencia en tiempos de pandemia en América Latina.


Las décadas de los ‘60 y los ‘70 fueron un gran hervidero de ideas, proyectos y golpes para la juventud. Con el derrocamiento de Illia y la instauración de la dictadura militar con Onganía a la cabeza, pasando por la noche de los bastones largos y el Cordobazo, se fue creando un clima de rebeldía y efervescencia que invadió a buena parte de la acervo cultural llegando a impregnar procesos de radicalización y politización, tanto dentro como fuera de las universidades.

De esta época surgen experiencias como el “Taller total” y “Libre teatro libre” en la Universidad Nacional de Córdoba. Experiencias interdisciplinarias, pedagógicas y políticas totalmente inéditas en América Latina.

 

Gobiernos constitucionales y la democracia en puja

Con el llamado a elecciones en 1983 se abrió un nuevo proceso de luchas donde la juventud seguiría incidiendo en una democracia que entendió que no estaba estancada por la presión militar hacia el gobierno ni por la crisis económica. El movimiento estudiantil comenzó a tener nuevamente protagonismo a partir de la sanción de la Ley de Punto Final en 1986. Las movilizaciones y tomas en universidades rechazando esta medida comenzaron a acumular fuerza frente a la política conciliatoria que el gobierno alfonsinista trazaba con la dictadura militar.

Si bien estas acciones no lograron derogar la ley, pusieron en tensión la impunidad institucional ante los crímenes de lesa humanidad, aún en democracia. Al mismo tiempo se logró nuclear a las juventudes para discutir y reconstruir tanto el sentido de memoria como las prácticas democráticas y colectivas a través de la recuperación de espacios de organización asamblearia, dentro y fuera de las universidades, algo que la dictadura militar había intervenido vorazmente.

Hacia 1995, en pleno apogeo del segundo mandato de Menem y frente a la falta de justicia, el surgimiento de H.I.J.O.S -agrupación que reunía a los hijos e hijas de desaparecidxs de la última dictadura- iba a impulsar y dar cierta dinámica también a las protestas universitarias, a la par que construiría nuevas herramientas de visibilización para las luchas.

La Ley de Educación Superior abrió otro periodo de grandes resistencias y cercamientos institucionales a la hora de debatir y tener voz y voto para definir el futuro de la educación. Durante ese proceso, miles de estudiantes se manifestaron en contra de dicha ley por tener un objetivo mercantilista sobre la educación, permitiendo el arancelamiento para tramos de grado y posgrado, vinculaciones entre universidades públicas y empresas privadas, lo que vulneraba la autonomía universitaria y limitaba su co-gobierno. Ante la falta de diálogo, las protestas fueron cada vez más fuertes logrando suspender su tratamiento. Pero finalmente no pudieron frenar su sanción.

 

Con el llamado a elecciones en 1983 se abrió un nuevo proceso de luchas donde la juventud seguiría incidiendo en una democracia que entendió que no estaba estancada por la presión militar hacia el gobierno ni por la crisis económica.

 

Es así que en 1996 más de 200 estudiantes fueron brutalmente reprimidos y encarcelados (entre ellxs hijxs de desaparecidxs) en un ex centro clandestino de detención en La Plata, con un despliegue policial contra el movimiento estudiantil pocas veces visto hasta el momento.

En los subsiguientes años, las formas de control y disciplinamiento social por parte del Estado continuaron profundizándose. Mediante detenciones, judicializaciones y criminalización, tanto política como mediática, comenzó a sopesar sobre los movimientos estudiantiles la mirada social que se construía alrededor de sus actos. Estas prácticas de ‘deslegitimación’ se constituyeron socialmente por medio de imágenes peyorativas sobre la política estudiantil que tendieron a invisibilizar sus reclamos y a desarticular las acciones; a la vez que los canales de diálogo hacia el interior de las universidades comenzaban a cerrarse.

Esto se puede evidenciar, poniendo el foco en nuestra provincia, cuando rememoramos las movilizaciones y las tomas del 2005 por mejoras salariales y aumento presupuestario para las universidades nacionales; las ocupaciones en la UNC y en múltiples escuelas medias del 2010 en resistencia a la reforma de la Ley General de Educación de la Provincia de Córdoba (ley 8113), y en la lucha contra de la reforma político-académica de la UNC en el 2016.

 

Los 28 judicializados

El acumulado de experiencia y organización que fue dejando este derrotero, puso en tensión durante las tomas del 2018 una serie de disputas entre el movimiento estudiantil y las autoridades.

El riesgo de cierre inminente de las universidades por falta de presupuesto y reivindicaciones históricas que llevaban años sin ser resueltas fueron conformando un movimiento asambleario entre facultades. El cual fue constituyendose como un interlocutor válido dentro del conflicto, desbordando los propios canales institucionales de la UNC. Pero las disputas entre el movimiento estudiantil y las autoridades desembocaron en un conjunto de negociaciones frustradas y sin vocación de diálogo por parte de la propia gestión universitaria, la misma que abre la causa penal donde se procede a la judicialización de  27 estudiantes y una docente. 

Por medio de este procedimiento, el discurso jurídico individualiza a algunxs estudiantes -al señalarlxs con nombre y apellido- y, en un mismo movimiento, invisibiliza a los colectivos que estas personas integraban -de los cuales eran voceras-, al igual que oculta el proceso social que precedió a la ocupación del pabellón.

El procesamiento judicial tuvo graves implicancias para el movimiento estudiantil y  la sociedad en su conjunto, pues apuntaba al debilitamiento de las tramas colectivas, por un lado; y suponía efectos de disciplinamiento por otro, dirigidos a los colectivos movilizados.

A todo esto hace referencia lo evidencia Marcos Javier Luna en las conclusiones de su tesis de posgrado: “Los perímetros de la democracia universitaria” del 2021; el disciplinamiento puede ser comprendido como una de las prácticas institucionales por las cuales se procura pacificar la acción directa, dentro de ese proceso político permanente que es la delimitación de la democracia universitaria. Dicho de otro modo, la intervención represiva y judicial es parte del repertorio de prácticas de estabilización de los perímetros de lo político; esto es, de los límites considerados legítimos en determinadas coordenadas sociohistóricas, del cogobierno universitario”.

 

 

Mismo accionar, distintas latitudes

De las 90 dependencias educativas tomadas en el 2018, solo 2 sufrieron procesos de judicialización. En la Universidad Nacional de Río Negro se repitió una postal que según el relato de estudiantes y docentes, “no se veía desde los tiempos de la dictadura”:

Más allá de que repudiamos la existencia e intervención de cualquier fuerza de seguridad, somos conscientes del carácter militar de la GNA (Gendarmería Nacional Argentina), el rol que ocupa y sus antecedentes, por lo que remarcamos y denunciamos públicamente esta constante provocación que no se ha detenido desde el 10 de diciembre del 2018. Esta persecución ejercida por la justicia federal hacia la Asamblea respondió a una política de Estado que va sentando precedentes gravísimos para todxs los que estamos en la calle luchando por derribar este sistema de opresión”.

En ningún caso se buscó la negociación o el diálogo por parte de las autoridades para destrabar el conflicto. La única respuesta que les ofreció el Estado fue la persecución política y la represión para desarticular la organización y desvalorizar las demandas.



Latinoamérica con un reclamo común

Como lo apuntamos al inicio, la proyección latinoamericana con una marcada visión de género tuvo preponderancia en las luchas de los movimientos estudiantiles en la última década, por eso es que convocamos a referentas de Chile y Paraguay para conocer cómo se esgrimieron territorialmente esos reclamos.

Este mapeo del papel de las juventudes como motor de los movimientos estudiantiles  no pretende ser una conclusión acabada del proceso y de la realidad histórica del presente en el que estamos inmersxs. Sí lo entendemos como un ejercicio de discusión y debate que, a quienes conformamos El Resaltador (en su mayoría jóvenes de entre 25 y 30 años), nos lleva a desandar conceptos que tenemos arraigados, en miras de problematizar en qué realidad nos toca intervenir como comunicadores.

Con la historización de los conflictos mencionados y las respuestas que ha dado el Estado a lo largo de los últimos 40 años (réplicas frente a los procesos de movilización y reclamo estudiantil que han derivado en criminalización, represión y judicialización) pretendemos invitar (nos/les) a reflexionar sobre cuál es el piso democrático que queremos pisar y hacia dónde queremos ir para seguir construyendo. Cuáles son nuestros “nunca más”,  los que como sociedad no estamos dispuestos a negociar hoy y tampoco en el futuro. Es allí donde entendemos que se encuentran muchas de las claves para asumir los desafíos y condiciones que marcan el momento histórico que nos atraviesa y en el que nos seguimos proponiendo actuar.

El Estado argentino ha elaborado diferentes respuestas frente a los procesos de movilización y reclamo estudiantil que han derivado en la criminalización y judicialización de los organismos políticos universitarios en las universidades nacionales. Una ha sido la negación de los reclamos estudiantiles, sin ofrecer soluciones concretas a las problemáticas planteadas. Los estudiantes han denunciado que las autoridades universitarias y gubernamentales no han querido dialogar con ellos o no han respondido a sus demandas, lo que ha generado un clima de tensión y desconfianza.

En ciertos casos, el Estado ha respondido a las protestas estudiantiles con la judicialización de los líderes y activistas estudiantiles. E, esto implicó la apertura de causas judiciales por delitos como «daño a la propiedad», «atentado contra la autoridad» o «instigación a la violencia», por ejemplo. entre otros.

En otros casos el Estado ha respondido a las protestas estudiantiles con la aprobación de leyes restrictivas que limitan el derecho a la protesta social. Estas leyes suelen establecer penas más duras para quienes participan en protestas, a la vez que limitan el derecho a la libertad de expresión y de asociación, lo que dificulta el ejercicio pleno del derecho a la protesta social y a la defensa de los derechos estudiantiles.

En todos estos los casos el Estado ha respondido a las luchas estudiantiles con la criminalización y la represión y estas respuestas a los reclamos sociales ha generado tensiones y conflictos en la sociedad cuestionando los parámetros democráticos de la sociedad en su conjunto.