por Admin | Dic 12, 2018 | Novedades
En el TOF1, declararon ayer siete testigos. Tres lo hicieron en el recinto y cuatro por video conferencia. Cada testimonio, personal y de contexto, es un retazo de un todo que muestra el funcionamiento del plan sistemático implantado por el terrorismo de estado en la provincia de Córdoba, una de las provincias más castigadas por la represión ilegal.
Por Katy García*
Este juicio pone el foco en los delitos cometidos por policías del Comando Radioeléctrico. Isaac Garay, Ramón Hugo Bengolea y Daniel Villar declararon en la sala de audiencias del TOF1. En tanto que Ramona Ángela Sánchez, Roberto Esteso, Roberto Tallei y Raúl Cerezo lo hicieron, por videoconferencia, desde San Luis, Buenos Aires, Tenerife (España), y Mar del Plata, respectivamente.
Iniciado el debate, el fiscal Maximiliano Hairabedián le pidió a cada testigo que le relate al Tribunal lo que conoce o le sucedió. Luego, las partes realizaron las preguntas pertinentes.
Marcas hay

Ingresa a la sala el primer testigo
El primero en ingresar a la sala fue Raúl Hugo Bengolea. Su testimonio se vincula con los asesinatos de José Osatinsky y José María Villegas. Contó que cuando volvía del trabajo -a la tardecita- se enteró por vecinos y familiares que horas antes hubo un operativo militar/policial en la casa de unos estudiantes que vivían en la calle Brasil y que escaparon por los techos. Pudo ver, dijo, que “en la vereda donde cayó muerto uno de los chicos había dientes, restos de sangre y cabellos”. Y afirmó que existen marcas de impactos de bala en la zona donde se produjo la balacera. Se refiere al hecho octavo, cuando el 2 de julio de 1976 llegan al lugar 11 patrulleros del Comando Radioeléctrico. Ingresan a la casa y persiguen a Carlos Guillermo Berti y Néstor Morandini -que logran escapar- y matan a José Osatinsky (15) y José María Villegas (21).
El hermano de Berti, en la audiencia anterior, contó que aquél día había explotado una “panfletera con mecha” en la casa y que los jóvenes se habían asustado. Entonces, salieron a la calle y le dijeron a los vecinos que el ruido que escucharon había sido por la explosión de una garrafa. Esta es la versión ratificada por el testigo. “Los chicos se dispersaron y salieron por los techos sobre el pasaje 11”, expresó.
El testigo vive en Barrio Güemes desde siempre. Le costó recordar sus propias declaraciones y fue necesario refrescarle la memoria con la lectura de algunos pasajes que al escucharlos confirma.
Parecíamos invisibles
Daniel Alberto Villar declaró como víctima y en relación al hecho primero. El 3 de mayo de 1976, lo detuvieron en la Terminal de ómnibus junto a otro compañero de Alta Gracia. Viajaban juntos a cursar en la Universidad Católica de Córdoba. Un policía de civil observó que llevaba un libro titulado “El Personalismo”. Y ahí nomás llamó a los uniformados y a punta de pistola los condujeron a la seccional primera de policía, luego al policlínico policial y después al D2.
En el camino le decía: “Escapate hijo de puta…parecía que éramos invisibles porque nadie dijo nada”. Durante los interrogatorios le preguntaron datos personales y de los parientes que “eran anotados por colaboradores de los torturadores”.

Le preguntaban por la novia
La lectura de una nota en el diario Sumario que daba cuenta de la historia de Hugo Pavón disparó sus recuerdos. Contó que a pesar de que estaba torturado “escuché a Pavón, le reconocí la voz y el nombre. Levanté la vista, no pude verlo pero sí lo escuché”. Precisó que lo habían colgado de un gancho, en el techo, y que había dos bancos de piedra. Se refiere al “tranvía” del D2, donde estuvo con otros prisioneros todos golpeados. Desde ahí escuchó gritos de mujeres. Le contaron que se trataba de Diana Fídelman.
Indicó que a Pavón lo “descuelgan en un determinado lugar”. Y que como era obeso “tengo muy presente el ruido de los golpes”. Añadió que le preguntaban por la novia y que Hugo no contestaba. El 4 de mayo “escuchamos un impacto de bala en un lugar muy cerca, a la noche” y que comentaban: “Mirá, pierde como un lechero”, mientras desplazaban el cuerpo. “Y de ahí no lo veo más a Pavón”.
Gracias a los vínculos de su madre con el arzobispo Raúl Francisco Primatesta logró quedar en libertad a los pocos días. En otro tramo del relato aludió a “un tipo de zapatos marrón claro y pantalón vaquero” que después supo que se llamaba Julio Antún.
Tuvimos que actuar …
Roberto Tallei, declaró por video conferencia desde el consulado de Argentina, en Tenerife, España.
Vivía en pleno centro de la ciudad. A eso de las dos de la madrugada golpean con fuerza y a los gritos la puerta del departamento que habitaba. “Entró una persona vestida de militar y tres policías con ametralladoras cortas” y mientras uno lo interrogaba otro lo apuntaba. Le plantaron unas revistas del partido comunista. Lo esposan y llevan detenido. Lo introducen a un auto chico, en el asiento trasero, rumbo al comando radioeléctrico.
Relató que junto a otros detenidos permanecieron en un ambiente amplio sentados en el suelo. Y que por las noches, llegaba un militar al que reconocía por los botines y el pantalón y les ordenaba como en el servicio militar realizar movimientos vivos acompañados por golpes, mientras se paseaba. La noche siguiente, escuchó dos disparos de pistola cerca del lugar. Y un militar les dijo “pórtense bien porque hubo dos personas que se han querido escapar y tuvimos que actuar”.
Pasó cinco días y se retiró caminando. Vivía con Juan Carlos Molina también detenido en otro procedimiento.

El fiscal Hairabedián en primer plano, detrás la querella, Claudio Orosz y Lyllan Luque
Estupefacción y asombro
Ramona Ángela Sánchez declaró por videoconferencia desde San Luis. Lo hizo como víctima y testigo (hecho primero). Junto a Hugo Pavón Quiroga y Carlos Alberto Varella Alves, su novio, fueron llevados a la comisaría de Alta Gracia y luego al D2, en Córdoba.
“Todo era estupefacción y asombro. Nos vendaron y esposaron en el banco y nos torturaron”, dice, y ahí nomás relativiza su propio sufrimiento. “A mí era más psicológico que físico” mientras que “Huguito (Pavón) era torturado varias veces al día. Volvía apaleado incluso le dieron un culatazo con el fusil”. Recordó, además, que por las noches venía un hombre alcoholizado que les gritaba y hacía correr y armar “una torre humana” donde caían unos sobre otros.
Ramona fue víctima de abuso por parte de un hombre al que ella bautizó como El gato. Este señor “sutil, delicado” le sacó la venda y pudo ver su cara. Se parecía a un tanguero, vestido de negro. Lo trataban con respeto, como si fuera un superior. “Era un policía federal”, afirmó. Cuando estaba a punto de violarla ella gritó. Justo llegó otro policía para avisarle que estaba un oficial aparentemente de rango superior y le dijo: “dejalo para más tarde”.
Después de 10 años, en un baño en Brasil, escuchó una carcajada que le hizo revivir esa experiencia y salió corriendo.
Huguito
“Huguito no pasaba de 1.70, gordito, fornido, con una vida apacible” que tenía un hermano mayor y era artesano. “Al lado de su casa vivían sus primos. Uno de ellos estaba en el ejército, pelo corto, y era (para ellos) el hippie sucio”, le dijo al Tribunal.
Analizó luego cómo vive la dimensión tiempo una persona cautiva. “No hay días ni noches sino las campanadas”. Hasta que un día les dicen que quedarán libres. “Huguito me pidió que le diga a su madre que lo saque de acá porque no aguantaba más”. Estuvieron presos desde el 30 de abril hasta el 4 de mayo. “Fue una eternidad”, sostuvo.
Sobre el final manifestó su desacuerdo con los sobreseimientos por fallecimiento que prevé la ley. Lo mismo con los que son separados de la causa y se mueren en sus casas, sin sentencia. “Porque no dejan de ser culpables”, expresó.
No tenía militancia política
Por su parte, Raúl Cerezo declaró por videoconferencia desde Mar del Plata. Lo hizo en relación a Hugo Pavón. “Vivíamos casa de por medio. Era la tarde, cuando militares y policías rodearon el lugar. Un procedimiento bastante grande. Vi que lo sacaban en una furgoneta verde, agarrado de los pelos. Eso es lo que más recuerdo. Con policías y militares armados.
Con su hermano se juntaban a charlar y a “boludear” a la tarde y noche y los fines de semana. Las madres de Hugo y la suya tenían un vínculo de amistad. “Compartíamos muchas cosas de adolescentes. Todas las tardes nos juntábamos. Hugo no hacía deportes y era muy pulcro. No tenía militancia política, nunca hizo ningún comentario de política. Sé que salía con una chica de San Francisco”, explicó. Una de las versiones que se conoce sobre las razones del procedimiento, cautiverio, asesinato y desaparición se relaciona con la novia de Hugo. No obstante aún no está claro.
El testigo que es psicólogo habló del temor que se vivía en aquella época.
Peor que a un animal
Isaac Garay militaba en el Partido Comunista (PC). Había sido detenido otras veces. “Ese día en la terminal presentí que me iban a detener. Y cuando llego a casa me entero que habían detenido a mi hermano”, empezó diciendo frente al Tribunal.
Estaba parado en la puerta cuando un patrullero Torino, ingresa a contramano. Los policías lo identifican y lo llevan detenido. “Sin violencia, en ese momento”, aclara, porque apenas sube al auto lo tiran al suelo y golpean. En el D2, lo reciben diciendo “ahí llegó el judío”, dando por hecho que lo era “por mi nombre”. Estuvo en el tranvía unas dos semanas. Esposado y encapuchado. Recordó que desde ahí se escuchaban los gritos de seres humanos “vejados, tratados peor que a un animal”. Allí y en el baño se fue enterando de las torturas a las que eran sometidos y que Diana Fídelman había sido sentenciada a muerte. Y del «intento de fuga” de María Eugenia Irazusta. (N de la R. Los asesinatos de ambas fueron juzgados y condenados durante el Juicio Videla, en 2010, conocido como UP1).
Lo interrogaron sobre el partido donde militaba y sobre la muerte de un empresario de SanCor. No era sindicalista. Solo asesoraba a los delegados de la terminal de ómnibus. Del D2 paso a la alcaidía. “Dos mundos distintos, uno el horror y otro las vacaciones”, le dijo al juez Díaz Gavier en referencia a esos lugares. Antes de recuperar la libertad estuvo detenido en la UP1 y en Sierra Chica.
Por un croquis
Roberto Esteso, testimonió desde el Consejo de la Magistratura, en Buenos Aires. El testigo describió que la noche del 29 /30 de abril de 1976 fue allanado y detenido en el departamento donde vivía con su esposa y un bebé de 40 días. Escuchó ruidos y al observar por la mirilla fue encañonado. Abrió la puerta del comedor y se le abalanzaban los policías. Lo arrojan al piso, maniatan y vendan los ojos. Lo suben a la parte de atrás de un auto y conducen hasta el Cabildo y el D2.
La patrulla llegó a su casa guiada por un croquis que habían encontrado en la casa de unos “guerrilleros”. ¿Qué pasó? En esa vivienda vivía una compañera de estudio a quien invitó a un asado y le hizo un mapa con la dirección y una flecha que indicaba “casa con ladrillos rojos”. Lo interrogaron sobre una persona llamada “Tato Olmos u Olmedo” a quien no conocía. Y sobre sus ideas políticas. Era abogado laboralista y estaba vinculado con comisiones internas de sindicatos.
Luego paso al D2 donde fue golpeado. “Sentía que estaba solo, con gente alrededor”, reflexionó. No sabía por qué estaba preso y tampoco si algún juez estuviera al tanto. Pero sus reclamos eran tomados de manera jocosa con comentarios del tipo “aquí el doctor pide…”
Cuando vio que le habían traído los mocasines se sintió fortalecido para pedir la libertad. En una reunión, cara a cara, con una persona que se interesó por su situación le dijo que iba a quedar libre.
Ya sin venda, y en una oficina con personal uniformado, pide una certificación que finalmente logra. Volvió a su casa donde estaban los familiares y un amigo muy solidario que lo acompañó esa noche. Al otro día, denunció la pérdida de los documentos y se dirigió al Colegio de Abogados “donde fui bien atendido”. Viajó a Buenos Aires y en agosto, se exilió en México donde permaneció hasta 1984 que regresa al país.
La esposa con el patrocinio de María Elena Mercado presentó un hábeas corpus que nunca fue respondido.
El próximo martes 18 declararán los testigos que faltan y se realizará una inspección ocular. El juicio es oral y público. Los únicos requisitos son ser mayor de edad y llevar el DNI.
*Agencia Prensared
Fotografía Mercedes Ferreyra
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Audiencia cuatro
Audiencia tres
Audiencia dos
Audiencia uno
Más información sobre los Juicios en Córdoba en www.diariodeljuicio.com.ar
www.cispren.org.ar
por Admin | Dic 4, 2018 | Novedades
El Cispren adhiere al paro nacional de mujeres. Habrá una movilización desde Colón y General Paz, a partir de las 18, hasta la sede de Tribunales I. (Caseros al 500, frente al Paseo Sobremonte). Un parte de prensa que lleva la firma de Mónica Reviglio, Secretaria de Género e Igualdad de Oportunidades, Bárbara Arias, Secretaria de Prensa y Comunicación y María Ana Mandakovic, Secretaria General del Sindicato de prensa y la comunicación, anuncia la adhesión al paro. Desde Ni Una Menos Córdoba invitan a acompañar con la etiqueta #JusticiaPorLucía. Texto completo.
Por Redacción
«El Círculo Sindical de la Prensa y la Comunicación de Córdoba, Cispren, adhiere y convoca al paro nacional de mujeres que se llevará a cabo mañana, 5 de diciembre, en el marco de la reciente absolución de los tres acusados por el aberrante femicidio de Lucía Pérez.
Desde el Cispren renovamos nuestro compromiso permanente hacia la defensa de la lucha feminista, ejemplo de organización y solidaridad entre las mujeres en todos los ámbitos de la sociedad. Entendemos que la justicia, en el caso de Lucía Pérez, actuó viciada de prejuicios machistas, patriarcales y sexistas, condenando la conducta de la víctima y justificando la acción de tres violadores y femicidas.
Las trabajadoras de la prensa y la comunicación de Córdoba, organizadas en Cispren, repudiamos el vergonzoso desempeño de la justicia encarnada en la figura de los jueces Facundo Gómez Urso, Aldo Carnevale y Pablo Viñas del Tribunal de Mar del Plata, responsables de absolver a Matías Farías, Pablo Offidani y Alejandro Maciel.
-¡No queremos un solo femicida libre con complicidad de los jueces!
-¡Justicia por Lucía Pérez!
-¡Basta de asesinar mujeres y niñas!
-¡Mañana, todas al paro!
Córdoba, 4 de diciembre de 2018
Fotografía La Capital
por Admin | Dic 4, 2018 | Novedades
El alto Tribunal confirmó la sentencia. Tras la condena a dos años y dos meses de prisión que el Tribunal le aplicó en fallo unánime en el juicio por amenazas que le entabló el periodista Dante Leguizamón, Julio César Suárez, el exjefe de Policía de la Provincia de Córdoba, casó la sentencia que el Tribunal Superior de Justicia rechazó en el día de la fecha. El Cispren, que participó como querellante, afirma que esta decisión del máximo Tribunal pone fin a la pretendida impunidad del acusado.
Redacción*
El Círculo Sindical de la Prensa y la Comunicación de Córdoba, Cispren, celebra el rechazo del Tribunal Superior de Justicia (TSJ) al recurso de apelación al fallo que sentenció a Julio César Suárez a tratamiento penitenciario y pena de dos años y dos meses de prisión en forma de ejecución condicional, e inhabilitación especial por el tiempo que dure la condena. Entendemos que este rechazo a la apelación de Suárez pone fin definitivo a sus intentos de salir impune de las acusaciones que oportunamente se hicieran en su contra.
Desde el Cispren, ratificamos nuestro compromiso para con la defensa del oficio y, por sobre todo, hacia los trabajadores y las trabajadoras de la prensa y la comunicación. Renovamos nuestra solidaridad con el compañero, Dante Leguizamón, quien fuera víctima directa de los actos de violencia, persecución y amenazas de Suárez para quedar desvinculado de la muerte por gatillo fácil de Güere Pellico y las lesiones de Maxi Peralta.

El periodista Dante Leguizamón, co-conducía el programa Justicia Legítima al momento de los hechos
El Cispren adhiere a las palabras del compañero Leguizamón, quién en comunicación con nuestra institución, manifestó sentirse «feliz con el fallo, porque pone sobre la mesa que existe una ley que no permite que casos como éste queden impunes». Es fundamental destacar que este rechazo a la apelación de Suárez se da en el marco de la polémica aprobación del decreto firmado por la Ministra de Seguridad Patricia Bullrich, el cual describe un protocolo de acción para las fuerzas de seguridad sumamente polémico, ya que los habilita a disparar sin dar voz de alto, entre otras cosas.
Ante el avance de las políticas de censura y represión hacia los trabajadores y trabajadoras de la prensa y la comunicación respondemos con más organización y solidaridad.
Córdoba, 4 de diciembre de 2018.
Comisión Directiva Cispren
Fotografías Archivo (Día a Día, y Policía de la Provincia)
www.cispren.org.ar
por Admin | Nov 29, 2018 | Novedades
Trabajadoras de prensa denuncian acoso por parte de entrevistados varones. Las más afectadas son las cronistas de las secciones de espectáculos. Solidaridad del Cispren. El comunicado lleva la firma de Mónica Reviglio, Secretaria de Género e Igualdad de Oportunidades, Bárbara Arias, Secretaria de Prensa y Comunicación y María Ana Mandakovic, Secretaria General de la institución gremial.
Por Redacción
“El Círculo Sindical de la Prensa y la Comunicación de Córdoba, Cispren, manifiesta su preocupación ante la insistente conducta lasciva y machista que tienen los entrevistados varones hacia nuestras compañeras movileras. Entendemos que estas actitudes deben ser expuestas públicamente y repudiadas de manera enérgica.
Las trabajadoras de la prensa y la comunicación, en especial las que desempeñan tareas en el rubro de espectáculos, nos vemos forzadas a mantener una conducta profesional en situaciones de extrema violencia hacia nuestros cuerpos y a la cosificación de nuestras personas en un tono tan jocoso y habitual que se naturaliza. Cabe destacar que estos sucesos no son agradables para nosotras y, muchas veces, optamos por no decir nada para no caer en desagrado de nuestros empleadores y de nuestros mismos compañeros y compañeras que no logran detectar el daño.
Desde el Cispren instamos a la reflexión colectiva y a la interpelación de nuestros actos, no podemos tolerar que nuestras compañeras cumplan con sus tareas laborales en medio de situaciones de acoso evidentes y descaradas, no podemos ser cómplices de estos hechos y debemos denunciarlos hasta erradicarlos de nuestras rutinas de trabajo.
Nos solidarizamos con todas las compañeras que recientemente han sido víctimas de estas situaciones de violencia y nos ponemos a su disposición para acompañar cualquier acción desde la sororidad y el compromiso colectivo que nos requiere estar en esta institución.”
Córdoba, 29 de Noviembre de 2018.-
Imagen ilustrativa Connectas
por Admin | Nov 28, 2018 | Novedades
En la Sala de Audiencias del Tribunal Oral Federal n°1 se desarrolló la cuarta audiencia que juzga a una veintena de policías y un militar por crímenes de lesa humanidad -secuestros, tormentos y homicidios- ocurridos entre marzo y julio de 1976. Se trata de la causa Montiveros que acumula un total de nueve expedientes. Ayer declararon tres testigos. El hijo y hermano de dos víctimas y un comisario retirado.
Por Katy García*
Ayer declaró, Santiago Nicola, hijo de José Luis Nicola y Lucía Esther Molina. Su padre fue asesinado, junto a Vilma Ortiz y Gustavo Olmedo, en el Pasaje Bello, en Barrio San Vicente. Tenía 45 días y sobrevivió a la balacera. Raúl Bernardo Berti, contó cómo se desencadenó la persecución policial donde Osatinsky y Villegas fueron abatidos. El ex policía Manuel Ocampo fue consultado sobre procedimientos y responsabilidades en la época. Un choque impidió que llegara al barrio Güemes y fuera el patrullero número 12.
Del placard a la Casa Cuna

Santiago Nicola ingresa a la Sala de Audiencias del TOF 1
Santiago Nicola, tranquilo y con mucha seguridad, le contó al Tribunal el largo proceso que le permitió reconstruir a partir de relatos familiares, recortes de diarios, y de información oficial posterior, cómo sucedieron los hechos que terminaron con la vida de sus padres y salvaron la propia cuando sobrevivió a los disparos. Estaba en el placard del baño de la casa que después fue dinamitada y saqueada.
Tenía 45 días, cuando el 26 de marzo de 1976, el Comando Radioeléctrico llevó adelante un megaoperativo, en la vivienda de Pasaje Bello, dando muerte a su padre José Luis Nicola y a sus compañeros de militancia Vilma Ethel Ortiz y Gustavo Gabriel Olmedo. Aquél día, su abuela Irma Ramacciotti de Molina, recibió el llamado de su hija Lucía que le avisaba que “habían cercado la manzana y que por favor vaya a buscar al bebe”. De inmediato, se apersonó al D2 y días después lo encontró en la Casa Cuna. Tuvo una audiencia “con la monja Monserrat Tribo y no quiso entregarme esperando que vaya mi mamá”, explicó, Santiago. (Esta religiosa es la misma que fue citada a declarar en la megacausa La Perla por la sustracción del nieto de Sonia Torres y huyó al exterior con la complicidad de la Iglesia Católica).
A partir de una entrevista que Irma mantuvo con el Oficial de policía Ríos – un ex alumno, en primer grado- se enteró qué pasó y la ayudó a buscar el cuerpo de su padre y vía judicial logró la tenencia. “Sorprendió a la policía cuando, luego de ametrallar la casa, con muchos disparos, entraron y encontraron abatidos a mi papá, a Vilma, a Gustavo y escucharon llantos en el placard de un baño y estaba yo, vivito, y me llevan a la casa cuna”, recordó.
“A la semana, mi abuela, que era muy persistente fue a la casa a constatar cómo había quedado después de haber sido dinamitada” y el vecindario le contó que “se habían llevado los muebles y pertenencias”.
Cuando el fiscal le preguntó si además de la información que le brindó su familia tuvo acceso a otra fuente se refirió a un recorte de La Voz del Interior donde afirmaba que fueron “abatidos en un enfrentamiento subversivo”. Esto le generó dudas y con el tiempo se enteró que la prensa replicaba los comunicados de las fuerzas armadas. Agregó que a través de documentación pública que se encuentra en el Archivo Provincial de la Memoria (APM) supo que su padre figuraba en “el libro de extremistas”.
Dos veces recuperado

Vivió con su abuela hasta los tres meses y luego con su madre, en Villa Ballester. Al tiempo, ella forma pareja con Rodolfo Goldín. En abril de 1977, allanan esa casa con el mismo modus operandi. Le contaron que “Rodolfo estuvo en La Perla, que había sido torturado con alevosía por su condición de judío y que lo mataron en un enfrentamiento fraguado en Monte Grande”. De su madre no se supo nada. Estaba embarazada de cinco meses y medio. El, fue llevado a la Casa Cuna de La Plata y fue recuperado por segunda vez. Pudo armar una pareja y su hija estaba presente en la sala. Le pidió al Tribunal que “busquen a su hermano o hermana” para que recupere su identidad y encuentre a la familia.
Le solicitó “al fiscal de la democracia” Maximiliano Hairabedián que “pida las máximas penas posibles” para los imputados como un mensaje para las nuevas policías que replican “prácticas violentas”.
Le agradeció a la familia Molina que lo crió y reivindicó la labor de Irma –reconocida militante, primero en Familiares y luego en Abuelas de Plaza de Mayo Córdoba– quien, dijo, debería estar hoy aquí pero falleció hace siete años. “Ella, me enseñó a mantener la memoria, decir la verdad siempre y buscar justicia”. Cerró con una frase que tomó de una amiga: “Lo imposible solo tarda un poco más”.
Al inicio le contó al Tribunal que su padre había nacido en Santa Fe. Que de niño había mostrado una gran preocupación por lo que pasaba en su entorno social. Cuando terminó la secundaria se trasladó a Córdoba para estudiar medicina donde conoció a su madre, Lucía Esther Molina, se enamoraron y empezaron a participar en las luchas estudiantiles. Cuando él nació lo llamaron Santiago en honor a Santiago Panpillon. “Militaban en Ocpo, y querían cambiar el mundo y la sociedad”.
“Rajaron como alma que la lleva el diablo”

Una de las víctimas fue José Osatinsky de apenas 15 años
El segundo testigo se refirió al hecho octavo que indaga sobre lo ocurrido el 2 de julio de 1976, en Brasil 669, barrio Güemes, cuando llegan al lugar 11 patrulleros del Comando Radioeléctrico. Ingresan a la casa y persiguen a su hermano Carlos Guillermo Berti, Néstor Morandini, José Osatinsky (15) y José María Villegas (21), quienes huyen por la terraza de la casa. Carlos y Morandini conocido como “Lana” logran escapar en tanto que Osatinsky y Villegas que intentan regresar son abatidos por la fuerza policial.
Aquél día cuando se produjo el operativo policial se fue a trabajar. A eso de las 11, lo llamó su hermano para decirle que “había problemas y que se fuera. Después se reunieron y su hermano le contó que la “panfletera con mecha” había explotado. Se asustaron y salieron a decirles a los vecinos que había explotado una garrafa. Miraban por la rendija cuando vieron que pasó un patrullero y entonces “rajaron por la terraza como alma que la lleva el diablo”.
Afirmó que los cuatro huyeron por los techos, mientras la policía había entrado a los tiros. “Cruzan la manzana y saltan a la calle Brasil. Carlos y Lana consiguen pasar a la otra calle y toman un taxi. En tanto que Villegas y el Pibe (José Osatinsky) no pueden saltar una pared, se vuelven para escapar y son acribillados por la policía”.

Raúl Berti luego de declarar dijo sentir un gran alivio
El testigo contó que alquiló esa vivienda tipo chorizo para vivir con su hermano que estudiaba física en el IMAF y que aspiraba seguir en el Instituto Balseiro, y con José Villegas, ambos militantes de superficie de la JUP. Como trabajaba en el Banco Nación firmó el contrato de alquiler y un amigo de la familia que era Juez “con ideas opuestas” le firmó la garantía.
Brindó detalles de la disposición de la casa donde el dueño que era carpintero tenía su taller. Destacó que habían pactado no realizar actividades políticas en la casa donde “Había guitarras, discos, charlas y conversaciones. Los medios, publicaron que había un “arsenal” cuestión que calificó como “una burda propaganda política”. Denunció el robo de una moto Siambretta 125, muebles, repisas, juegos, un equipo de música Audinac y más de 200 discos reunidos en 20 años.
El calvario de la familia Villegas
El testigo se salvó porque estaba trabajando. Su padre que era médico forense fue con la esposa a la morgue y “sufrió un desmayo” al ver tantos cuerpos de jóvenes y no poder reconocer a ninguno. “Quedó destrozado”, le había dicho su madre. También allanaron la casa de sus padres y de la familia Villegas. “El allanamiento fue correcto con buen trato. No pasó lo mismo con Villegas. Fueron y secuestraron a su hermana adolescente y la torturaron para sacar información que ella no tenía. Y le dijeron al padre que no hable con nadie, que no se junte con familiares, porque vamos a llevar de nuevo a su hija. Quedaron aterrorizados”, evocó.
Ante una pregunta de Claudio Orosz sobre la presencia de José Osatinsky aquella mañana, respondió que su hermano le contó que estaban los tres y que llegó un pibe de 15 años, en una moto, que va por primera vez a visitarlos y termina muerto. Nunca más volvió a la casa ni al banco. Se fue a Buenos Aires y allá se enteró que su padre “Se vino abajo y el 26 de septiembre murió”, precisó.
Carlos Berti y Néstor Morandini fueron asesinados en 1977. Permanecen desaparecidos.

La lluvia no frenó a familiares y amigos de las víctimas
“Orden de Allanamiento”
El tercer testigo de contexto, Manuel Isidro Ocampo (C.R), se desempeñó en el Comando Radioeléctrico, en julio de 1976. Cuando se dirigían a Barrio Güemes “en la esquina de San Luis y Vélez Sarsfield nos choca un remisero o taxi y nos destroza la parte trasera”. Ese accidente hizo que se volvieran y reportaran el hecho. Hubiera sido el patrullero número 12 que participaba en el procedimiento.
En aquel momento, dijo, que era oficial principal. No patrullaba, era jefe de compañía y su tarea era “controlar a otros móviles e impartir las directivas de los superiores”. Manifestó que cada patrullero contaba con un chofer, el jefe de coche y un patrullero atrás. Quien tomaba las decisiones y manejaba la radio era el jefe de coche. También aportó lo que se acordaba sobre el tipo de armas que se usaban y aseguró que para ingresar a un domicilio se necesitaba “Una orden de allanamiento”.
Señaló que ante un gran procedimiento como el de Güemes con 11 móviles “Se apostaba a la gente”. Graficó con un ejemplo “el cercamiento que hubo en la cárcel de San Martín donde participó personal del Comando y policía federal, para evitar la fuga de detenidos extremistas”. Sobre quién daba las órdenes de salir y con qué responsabilidades dijo que en ese tiepmo “había mucho espíritu de cuerpo, y cuando se escuchaba por la radio que había un tiroteo iban todos” y que “posiblemente no había quien coordinaba. Pero el responsable es el de mayor jerarquía”. Sobre el procedimiento al que no pudo llegar no recordó qué órdenes había recibido pero sabía que “había problemas”. Tampoco se acordaba que hayan ido otros móviles.
El fiscal le preguntó si después de un “enfrentamiento armado con víctimas fatales” tenían franco o seguían trabajando. “Se volvía al Comando para seguir trabajando y era muy difícil que saliera de nuevo”, respondió.
En cuanto a la reposición de municiones manifestó que había un armero. Que entregaban el arma y los cargadores y que eran peritadas. Dio a entender que la reposición se hacía intercambiando la vaina servida por la munición. ¿Se quedaban a juntar las vainas? – inquirió el Presidente del tribunal. -“A veces, de acuerdo al lugar, al horario”, respondió.
La próxima audiencia se realizará el martes 11 de diciembre a las 9:30.
*Agencia Prensared
Fotografía Nicolás Castiglioni