La Voz del Interior inauguró con bombos y platillos un nuevo proyecto denominado «Hub Audiovisual», que no es otra cosa que cinco estudios de grabación con tecnología de primer nivel que ocupan la totalidad del primer piso de su sede, espacio que históricamente ocupó la Redacción del diario.

A la inauguración asistieron personalidades de la política como el gobernador Martín Llaryora, el senador Luis Juez y el diputado Gabriel Bornoroni, cara más visible de Milei en Córdoba. La pregunta del millón es: ¿de dónde salió el dinero para esta obra faraónica si los directivos no se cansan de hablar de crisis y de que «no hay plata», emulando a los funcionarios del Gobierno nacional? Ese mismo Gobierno al que La Voz apuntaló y ahora critica tibiamente, a pesar de que varios de sus funcionarios y operadores atacan sistemáticamente a las y los trabajadores de prensa y comunicación, incluyendo a un presidente que sigue sosteniendo que «no se odia lo suficiente a los periodistas».

La realidad que no muestran La Voz y los grandes medios es precisamente la de los laburantes que diariamente sostienen este «modelo de negocio» que solo cierra para unos pocos.

Las plataformas cambian, los salarios empeoran.

En marzo de 2025, las y los trabajadores de La Voz publicaron una Carta Abierta a la ciudadanía para denunciar las condiciones de trabajo y salariales absolutamente precarias en las que están sumidos.

Gracias a aquella denuncia y a la lucha gremial de los últimos meses, se lograron recomponer en cierta medida los ingresos de las y los trabajadores. Pero los números no mienten y los sueldos continúan por debajo de la línea de pobreza. Un trabajador o una trabajadora con 15 años de antigüedad apenas supera el millón de pesos de bolsillo. Es absolutamente imposible vivir con esos ingresos.

Además, en estos días La Voz decidió despedir a un trabajador del área audiovisual y hace unos meses a una trabajadora que se desempeñaba en la web y redes sociales. Sí, dos áreas cuya importancia estratégica es destacada reiteradamente por la propia empresa y son la gran apuesta para lo que viene. En ambos casos se trató de trabajadores jóvenes que reclamaron por sus derechos y no se plegaron a esta bajada de línea de «trabajar sin chistar porque nos pagan el sueldo», aunque sea una miseria y se avasallen las leyes laborales que se deben cumplir.

Despidos, hostigamiento, aprietes, salarios de pobreza, herramientas personales al servicio de la empresa y profesionales muy valiosos que encuentran la salida que pueden en medio de semejante escenario. Esa es la situación que se vive hoy en este medio que cumplió 122 años y que ha implementado las prácticas más nefastas del Grupo Clarín, del que forma parte hace un buen tiempo.

Esto es mucho más que una crisis de la actividad, tal como repiten continuamente los directivos de esta y otras empresas de medios que tienen que reconvertirse. Se trata de un verdadero experimento empresarial para expandir las marcas y los formatos a costa de la espalda y las cabezas de los trabajadores.

A todo esto hay que responder con más construcción colectiva: la resignación es el peor de nuestros adversarios, por eso necesitamos juntarnos y organizarnos para defender el oficio y los derechos que tanto costó conseguir.